Responder a la pregunta ¿cómo se construye el carácter? daría para escribir un libro, mi intención en este post es que tengas una comprensión general y puedas empezar a poner en práctica algún ejercicio.

 

Desde pequeños creamos mecanismos/formas para encajar en nuestro entorno más próximo, es decir, en la familia.

Es en los primeros años de vida, nuestro carácter se construye para ocupar un lugar en la familia y ser queridx.

Estas formas que vamos aprendiendo y poniendo en práctica van creando la estructura del carácter, del personaje que inconscientemente decidimos ser de pequeños, del ego (entendido de esta forma).

A medida que vamos creciendo y recibiendo desde el exterior (directa e indirectamente) que lo que hacemos nos da un lugar, nuestras formas de hacer se convierten en mecanismos automáticos (por ejemplo, decir que sí a todo lo que me digan y no saber decir no).

Y cuando llegamos a la vida adulta, a veces, nos damos cuenta que aquello que nos servía antes ahora ya no nos funciona o no nos gusta y nos decimos eso de…quiero cambiar tal o cual aspecto de mi para no ser de tal forma. Y también, nos encontramos con una realidad, y es que cambiar un mecanismo tan antiguo en nosotros, no es fácil.

Es importante saber que aquello que no nos gusta e incluso rechazamos, nos ha dado (y aún nos da) beneficios y darnos cuenta de estas ganancias es necesario. Es la forma de decir SÍ a una parte interna, de aceptarla. Este es un paso importante para poder alcanzar algún tipo de cambio. Otro punto importante es ver cuál es la polaridad de esta parte rechazada, por ejemplo y siguiendo con el ejemplo de “decir sí”, una polaridad sería “decir no”. Parte del trabajo interno pasaría por reconocer esa otra parte, saber qué papel juega en nosotrxs y empezar a ponerla en práctica, a modo de entrenamiento.

Dar lugar a las diferentes partes internas como camino de aceptación.

 

Hay algo importante, y es saber que la parte que rechazamos o que no nos gusta, no va a desaparecer. Lo que sí puede ocurrir es que tenga menos peso en nosotrxs y que podamos decidir más desde donde queremos actuar.

Te propongo que pienses en una parte de ti que no te gusta, y antes de ‘desterrarla’ por completo, pregúntate…¿para qué me sirve? ¿qué me aporta esta parte? por ejemplo, siguiendo con el “decir sí”, me aporta inclusión, no ser rechazada, ser querida por el otrx, ser útil, etc.

 

 

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Laura Muñoz Hurtado
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